Habermas

Jürgen Habermas nació en Düsseldorf(Alemania) en el año 1929. Su vida está marcada por la consideración de la identidad nacional de su país: Alemania, la cuna de la civilización moderna, la patria de los grandes filósofos, ha producido también el mayor horror, el asesinato producido industrialmente apoyado en el irracionalismo radical del Nacionalsocialismo. Filosóficamente se forma con la Escuela de Frankfurt, que analiza cómo la Modernidad no es sólo el avance de la racionalidad sino también de la mayor barbarie. El avance de la Ilustración no es un progreso lineal, sino dialéctico. La industrialización significa el uso de una racionalidad instrumental que hace que no existan propiamente valores morales, sino solamente económicos. A la hora de constituir la sociedad moderna nuestros únicos criterios se han convertido en criterios técnicos. Además, Habermas ve a partir de los años 60 que las democracias occidentales se han vuelto, fruto de la radical complejidad de nuestro mundo, sociedades tecnocráticas. Teóricamente todos deberíamos decidir nuestro futuro en cuanto que vivimos en democracias basadas en la soberanía, pero la dificultad de nuestros problemas hace que sólo los más informados científicamente decidan: existe una tecnocracia encubierta. Entonces existe un problema de legitimidad de nuestro sistema – en los años 60 ocurría esto.

Habermas propone una reformulación de nuestro concepto de racionalidad que herede el common sense de la Ilustración, es decir, el deseo de racionalización no meramente técnica de la sociedad, y de los procesos de inclusión de la sociedad que esta sociedad del siglo XIX y XX no ha respetado.

1. La ética.

Hemos aprendido hasta ahora que actuar racionalmente significa sobre todo hacerlo bajo condiciones universales y necesarias – otro asunto es en qué consiste esta racionalidad.

i)Hasta ahora creíamos que utilizando unos procedimientos correctos llegaríamos a la verdad independientemente de los demás. Para Habermas todos nosotros ponemos en juego siempre nuestros propios intereses. No existe una racionalidad sin intereses. Por lo tanto, no deberíamos buscar algo así como una posición pura de la racionalidad. Tenemos que tener en cuenta que nadie plantea una posición universal, sino particular.

ii)Habermas parte entonces de una concepción liberal de la sociedad. Ésta se construye a partir de los intereses individuales que confluyen – se asocian – o se disgregan. Sin embargo, no podemos derivar a partir de aquí hacia una sociedad egoísta o hobbesiana: para Habermas se trata de tener la primera condición en cuenta para constituir las normas sociales. Partimos de que las normas se realizan a partir de la intersubjetividad, así que tenemos que estudiar las condiciones que un diálogo ha de tener para que estos intereses se coaliguen de modo universal. La universalidad está en una sociedad compleja como la nuestra en la intersubjetividad.

iii)La intersubjetividad nos permite conseguir la inclusión social. En la racionalidad kantiana nosotros teníamos que un sólo individuo podía monológicamente conocer los criterios de racionalidad sociales. Aquí estos criterios son dialógicos. Para saber si una acción es correcta no podemos ser solamente kantianos. Deberíamos imaginarnos un diálogo en el que los distintos interesados o afectados estén representados.

iv)Pero un diálogo es imposible si cada uno defiende solamente sus intereses. Cada cual tiene que tener pretensión de validez universal, es decir, en un diálogo todo el mundo tiene que pensar su posición en términos aceptables para todo el mundo.

v)Así que el diálogo tiene como fin el consenso. En un diálogo en el que todas las partes están presentes – aunque sea de forma figurada – hemos de llegar a un punto común que se incorpore a nuestra vida. Esto conduce a una paradoja: una sociedad que busca el consenso es ya una sociedad que cumple los mínimos de racionalidad y, por tanto, no requerirá de los procedimientos para llegar el consenso. Una sociedad donde haya intereses enfrentados radicalmente – por ejemplo por el radicalismo religioso o político – difícilmente cumplirá con estas condiciones.

vi)De este modo, Habermas no describe cómo es la ética, sino los procedimientos que debe seguir. Las condiciones de comunicación son situaciones ideales de diálogo. No se cumplen estas condiciones en realidad, pero nos sirven para pensar cómo hemos de proceder moralmente. Es una ética formal centrada en los procesos comunicativos.

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