Materialismo histórico y sociedad comunista

El capitalismo necesita de la acumulación de capital para producir más capital. Esta expansión sin límites lleva a un aumento tremendo de la riqueza. El paso al del feudalismo al capitalismo se suele entender porque una sociedad basada en el ahorro y el pensamiento a largo plazo acaba teniendo ventajas que producen beneficios y aumentos salariales mejorando el nivel de vida de la población. Las teorías de la economía clásica explicarían entonces que la racionalidad de las personas hacen que se muevan del campo a las fábricas a cambio de un mayor salario. No se explica entonces por qué esto no ha ocurrido antes y, sobre todo, por qué ocurren las lamentables condiciones de vida de los hombres reales. El materialismo histórico consistirá en estudiar cómo funciona realmente la sociedad, no cómo debería ser. No es la conciencia la que determina el ser social, sino el ser social el que determina la conciencia. Además, tenemos que explicar por qué un sistema cuyas promesas no son cumplidas se mantiene. Por último, tenemos que explicar cómo en virtud de las leyes históricas del propio capitalismo este está destinado a perecer en manos de sus propios productos – de la clase proletaria. Origen, desarrollo y fin.

Partiremos analíticamente de la distinción marxiana entre infraestructura y superestructura. La infraestructura es la base económica de la sociedad: cómo produce los bienes que la van a mantener. El esquema con el que podemos estudiar esta base económica es el de las relaciones de producción, distribución y consumo. Como estudiaremos después, la superestructura es el conjunto de formas espirituales que recubren la estructura social. Es la infraestructura económica la que determina la superestructura ideológica y espiritual. No es el deber ser el que determina el ser, sino al revés.

-La infraestructura. La base económica de la sociedad.

La base económica de la sociedad es el conjunto de relaciones y fuerzas productivas que se dan en un modo de producción. Esta base económica es el campo en el que se desarrolla el antagonismo de clases. Fundamentalmente las relaciones de producción son las que marcan las diferencias en el proceso productivo: hay una opresión social y un dominio económico. Estas relaciones están marcadas por el desarrollo de ciertos medios de producción, lo que llevado al límite puede conducir al determinismo tecnológico. Este sostendría que las formas sociales las marca el desarrollo tecnológico: si la tecnología es pequeña las sociedades estarán divididas y serán más bien igualitarias; si la tecnología se empieza a concentrar surgen propiedades agrícolas utilizadas por los esclavos, que al concentrarse desarrollan sistemas de trabajo del campo medieval. El descubrimiento de nuevas tecnologías produciría la necesidad de un nuevo sistema, el capitalismo, que incorporaría formas de innovación social y tecnológica mucho mayor. Desde el punto de vista del determinismo tecnológico, nosotros mantendríamos un nivel de producción propiciado por nuestro nivel tecnológico. A partir de este nivel se desarrollan todas las posibilidades de las fuerzas de trabajo, y una vez se agotan las posibilidades que tiene una tecnología se produce una crisis. Las crisis pondrían de manifiesto las contradicciónes que preexisten en la fase de acumulación de capital, en la fase decrecimiento. El gran desarrollo de las fuerzas productivas produce entonces una radicalización en los antagonismos que la han producido, de modo que se produce una nueva transformación para el capital, transformación que según los deterministas tecnológicos operaría con nuevos medios de producción que harían transformar radicalmente las relaciones sociales. Sin embargo, esto parece desechado por el propio Marx, puesto que tan importante como los medios de producción para el desarrollo de un sistema productivo es el conjunto de relaciones de producción que se establecen en torno al trabajo. La máquina de vapor ya era conocida en Egipto pero no provocó el desarrollo del capitalismo; es necesaria una transformación en las relaciones sociales que propicie este sistema de producción. En el modo de producción capitalista, las relaciones de producción se van a definir por dividir el mundo del capital y el mundo del trabajo, de forma que las clases se definen por su propiedad o no de medios de producción y su necesidad o no de vender su fuerza de trabajo. El modo de producción capitalista consiste en una forma muy peculiar de hacer circular las mercancías en el mercado: los productos no circulan sin más satisfaciendo un valor de uso, sino que además tienen un valor de cambio establecido en términos monetarios. Para intercambiar bienes necesitamos que otros bienes sean equivalentes. Si yo quiero intercambiar un libro de Marx no lo voy a hacer por uno de Paulo Coelho, puesto que entonces no me interesaría el intercambio. Si decidiese hacerlo es porque interpreto que el libro de Marx vale lo mismo que el de Paulo Coelho. Pero entonces puede ser que nadie tenga el libro que yo busco, o que nadie quiera el libro del que yo trato de desprenderse. Necesito entonces la mediación del dinero. Yo produzco una mercancía M, que vendo por dinero D, y ese dinero D me sirve para comprar otras mercancías M que son equivalentes necesariamente al dinero que tengo. Pero entonces no tengo ninguna producción de valor ni puedo acumular capital. La creación de valor se producirá cuando el valor de las mercancías aumente con el intercambio, de modo que invirtamos D en una mercancía M para producir más valor. ¿Cómo se produce el paso de M-D-M a D-M-D? Necesitamos una mercancía que sea capaz de producir valor. Esta mercancía es el trabajo. El trabajo es lo que hace que aparezca la mercancía, y a más trabajo, más mercancía se produce. Que el trabajo sea una mercancía es una condición de posibilidad de la reproducción del capital. La producción de valor procede de la estructura social en la que funciona este trabajo. Un trabajador tarda en producir 10 horas X bienes para el mercado. Si el valor de cambio de la mercancía equivale a la suma de la parte alícuota de su trabajo, el capital no se puede reproducir, no se puede reemplazar ni se puede ampliar. Si queremos que el propietario de los medios de producción pueda mantener o ampliar su stock de capital necesitamos repartir los ingresos entre trabajado y capital, de forma que el capitalista se queda un porcentaje de las ganancias para poder seguir produciendo. Podríamos pensar que el capitalista puede ser generoso y dar la mayor parte, e incluso todo, al trabajador, pero entonces deja automáticamente de ser un capitalista: el capital trae consigo una ley de reproducción que está por encima de la voluntad de los individuos. Si uno quiere sobrevivir a la competencia tiene que ser capaz de acumular cada vez más capital, que le permitirá necesitar cada vez menos trabajo para producir lo mismo – es decir, que necesitará aumentar lo máximo posible su productividad para poder sobrevivir en el mercado. La necesidad de mantener la tasa de ganancia hace que el capitalista se quede con una parte importante en este reparto. Lo que el capitalista se queda de lo ingresado se conoce como plusvalía o plusvalor, lo que el trabajador se queda se llama salario. Así, el trabajador trabaja 10 horas y produce el total de lo vendido por la empresa, pero no recibe el producto íntegro del trabajo, sino que recibe la parte necesaria para reemplazar su fuerza de trabajo -es decir, recibe lo suficiente como para poder ir a trabajar al día siguiente –. El resto se lo queda el capitalista. La ganancia del capitalista se basa entonces en la explotación, esto es, en la extracción de un ingreso no basada en el trabajo propio, sino en el ajeno. Para sobrevivir en la lucha por la existencia, el capital tiene que exprimir la ganancia del trabajo, que es el que realmente produce el valor, aunque no se lo queda. La cantidad de plusvalor que se queda el capitalista es la plusvalía absoluta, la plusvalía relativa es la cantidad que se queda el capitalista respecto del volumen todal de producción. Podríamos decir que la plusvalía relativa es igual a la tasa de explotación, en la medida en la que la progresiva mejora de la tecnología ayuda al aumento de la plusvalía relativa, esto es, de la porción de ganancia que se lleva el capitalista y por tanto también de la plusvalía absoluta. Gracias a la acumulación de capital es necesario menos trabajo – trabajo socialmente necesario, es decir, el requerido por la capacidad tecnológica y educativa media de la sociedad – para producir el trabajo necesario para la subsistencia del obrero. Gracias a esta disminución no se hace que la jornada laboral disminuya, sino que aumente la plusvalía relativa y la absoluta. El capital puede presionar al trabajo en virtud de la división existente en la sociedad entre propietarios de los medios de producción y dueños solamente de la fuerza de trabajo, y entonces es necesario mantener e incluso aumentar la explotación por la necesidad del capital de reproducirse. El antagonismo existente en la sociedad entre capital y trabajo aumenta a medida que se desarrollan las fuerzas productivas, puesto que con una tecnología dada, la ley de rendimientos decrecientes obliga a intensificar cada vez más la producción por parte de los obreros. Aprovechar un capital cada vez más capaz de mejorar la productividad implica más horas de trabajo, que implican a su vez mayor ganancia para el dueño del capital y más capacidad de ganar capital. La necesidad de acumular capital con rendimientos decrecientes lleva a una disminución en la tasa de ganancia que hace que cada vez el capital se concentre en menos manos. La competición por acumular más capital se da cada vez entre menos propietarios de capital. En esta situación, la concentración del capital produce una manifestación radical del antagonismo de clases, que hace que sólo unos cuantos individuos posean los medios de producción que permiten que tengamos los medios para garantizar nuestra subsistencia. Así, el motor del desarrollo del sistema de acumulación capitalista es el antagonismo existente entre una clase social que posee los medios de producción y otra clase que sólo posee su fuerza de trabajo, que se convierte por primera vez en mercancía. Los individuos pertenecientes a esta clase social serían por primera vez libres de todo dominio de señores o amos, pero cuando se tiene que concretar esa libertad resulta ser una libertad para morirse de hambre. Los proletarios pueden ser libres “con el permiso de los capitalistas”. Marx señala que el antagonismo de clases no es esencialmente un problema de desigualdad de rentas, como podría parecer hoy, sino una forma de funcionamiento social en la cual para producir los bienes que nos permitirían abastecernos – y eso es lo que Marx admira del capitalismo – es necesario que a las clases oprimidas por esta forma de acumulación se les chantajee con que o participan trabajando no solamente para su subsistencia sino para la reproducción del capital – generando la posibilidad del plusvalor a través de su trabajo excedente, de todas esas horas de trabajo que no revierten en la mejora de su situación sino en la mejora de la situación del capitalista – de modo que negarse a trabajar para un capitalista supone una condena a muerte. Sólo se puede vivir en el capitalismo vendiendo la fuerza de trabajo como mercancía cuando no se tiene otro medio para vivir. Si se es un pequeño propietario, uno tiene que convertirse en capitalista o perder sus propiedades por la competencia del gran capital, produciendose así el fin de toda forma intermedia en la sociedad. Particularmente en épocas de crisis, la multiplicidad, la miríada de clases se aclara y refleja el antagonismo subyacente en la sociedad entre capital y trabajo. Lo que hace que el capital se reproduzca y se acumule también hace que se radicalicen las contradicciones, y esto hace que en cada crisis las opciones de salida disminuyan. Llega un momento en el que la crisis capitalista produce una acumulación tan grande en tan pocas manos del capital que casi nadie puede vivir por sus propios medios, con lo cual en esa sociedad no existirá ningún interés en permanecer dentro de este sistema de relaciones sociales. Si los proletarios no tienen nada que perder y tienen todo por ganar estamos en una situación revolucionaria. La burguesía ha producido no solamente su propio enterramiento, sino también a su sepulturero, el proletariado, que acabará con la historia de la explotación humana y de la sociedad de clases, dando lugar a la sociedad comunista.

¿Cómo es posible que existiendo la posibilidad de un régimen sin clases los trabajadores permanezcan en su posición de subordinación de clase? Necesitamos completar el sistema materialista con un segundo apartado. En el primero hemos estudiado cómo la evolución de las formas sociales procede de la base material de las mismas, en el segundo, al que denominaremos “La alienación” expondremos por qué a pesar de que no tienen nada que perder y de que las condiciones objetivas llevan a esta revolución esta parece no llegar.

  • La tesis fundamental del materialismo histórico y su consecuencia práctica. La alienación.

No es la conciencia la que determina el ser social, sino el ser social el que determina la conciencia. La evolución de la sociedad humana no depende de la voluntad ni de los proyectos de nadie en concreto, como si el verbo de algún poderoso se fuese a hacer carne: los hombres hacen la historia, pero la hacen bajo las condiciones que se les imponen. Ningún capitalista tiene por qué querer bajar los salarios, pero si no los baja en ciertas condiciones y limita el proceso de acumulación por culpa de su moralidad, entonces dejará automáticamente de ser capitalista. Nos importan el conjunto de figuras que el proceso social determina. Ahora veremos que las leyes de la evolución material de la sociedad no solamente fijan cómo se ha de desarrollar la vida social de los individuos, sino que también determinan las formas de conciencia que aparecen en cada sociedad. La forma de ser de una sociedad determina cuáles van a ser los contenidos del pensamiento. El ser social se estudia por la economía: la economía política es la anatomía de la sociedad civil. La conciencia se entiende como la producción espiritual de una sociedad, es decir, como aquello que no es material, que no forma solamente parte de la vida práctica sino que incorpora los conceptos y las ideas. Entendíamos con Kant que querer es poder, y la tradición filosófica nos enseñó que una sociedad justa es aquella en la que los individuos se comportan según el deber, pero Marx invertirá el orden. Las sociedades hasta ahora existentes no han evolucionado según ese orden causa, sino según el inverso. Las condiciones materiales de una sociedad hacen imposible el desarrollo de cierto deber ser.

El esquema que vamos a utilizar es el siguiente: entenderemos que las condiciones materiales de una sociedad son las que se dan en la base económica o infraestructura. La producción espiritual se da en la superestructura.

i)La infraestructura social se caracteriza por la división de clases. Estas clases tienen una relación antagónica y se caracterizan por un constante desarrollo de las fuerzas productivas en el capitalismo. Este desarrollo se produce a costa de la contradicción entre capital y trabajo, esto es, a costa de que una clase social produzca no sólo para su subsistencia sino también para la subsistencia y conservación del dominio de otra clase social. El trabajador está alienado en el proceso de producción capitalista. La alienación económica tiene dos sentidos distintos.

a) La enajenación (Entäußerung). El fruto de su trabajo le es birlado en virtud de la propia naturaleza de las relaciones sociales dentro del proceso. El trabajador es desposeído de su propia existencia, y ve el producto de su labor y su tiempo como algo que no ha sido producido por él. Quien trabaja en una fábrica textil compra camisetas que no son producto de su labor, sino de un trabajo abstracto. El trabajador está entonces despersonalizado en el proceso productivo.

b)El extrañamiento(Entfremdung). El trabajador ve que el acto de consumo está separado de su acto de producción. Los abundantes bienes de una sociedad ya no le pertenecen. El trabajador es presionado socialmente en cuanto que productor, pero los bienes le son presentados como valores extraños a su propia vida. Así, podríamos extraer un tercer sentido de la alienación, la deshumanización. Los frutos del trabajo que separan aparentemente consumo y producción se presentan no como bienes solamente de consumo, sino como algo más. Se presentan como valores supremos. La Coca-Cola no satisface una necesidad vital, sino que da la Felicidad. El dinero con el que consumimos los productos que han producido los trabajadores compra no sólo bienes, sino valores personales. El dinero compra el amor, compra la amistad, compra la belleza, compra la felicidad. Marx no se refiere aquí a si podemos salvar algo de estos valores, sino a que en la sociedad capitalista necesariamente los productos se presentan como algo más que productos. A esto lo llamamos el fetichismo de la mercancía. Los objetos cobran un valor casi místico, numinoso. Por contra, los seres humanos se cosifican porque son en realidad medios para producir estas mercancías. Fetichismo y cosificación son dos caras de la misma moneda: el ser humano pasa a vivir para trabajar, y no trabajar para vivir.

¿Por qué conservaría una persona esta posición social? Tenemos que irnos a la segunda parte del análisis de la alienación.

ii)La superestructura es el conjunto de representaciones dominantes en una sociedad. Está marcada por la ideología, que es el conjunto de ideas que existen en una sociedad favorables a una clase social frente a otra. En una sociedad, la ideología dominante es la de la clase económicamente dominante. Sin embargo, sería un error pensar que cada individuo tiene las ideas que convienen a su clase, como si las personas con propiedades tuviese un tipo de ideas – liberales, conservadoras, socialdemócratas o del tipo que sea – mientras que las personas pertenecientes a la clase trabajadora tuviese que ser comunista a la fuerza. La ideología es lo que impide a las clases oprimidas tomar conciencia de su situación. En este sentido, la ideología es lo que permite que se reproduzca el sistema, favoreciendo entonces a las clases dominantes. Una persona oprimida en el capitalismo considerará que lo que tiene que hacer es trabajar más horas por menos dinero, haciendo así aumentar la plusvalía relativa. La ideología tiene entonces un papel de ocultar las relaciones sociales reales, disimulando la auténtica realidad y engañando a las clases dominadas. Adopta varias formas.

a)El Derecho disfraza relaciones de poder bajo la forma de la justicia. Para el marxismo el Derecho se organiza para garantizar los intercambios de propiedad. Desde el Derecho de la Familia al Derecho Patrimonial se trata de proteger y garantizar la propiedad. La forma jurídica tradicional dice que la justicia consiste en “dar a cada uno lo suyo”(suum cuique tribuere), pero el problema es encontrar qué es “lo suyo”. Lo que es propio a cada uno está distribuido previamente al propio derecho, con lo cual el derecho no deja de sancionar un orden injusto previo. Cuando yo robo un banco porque no tengo nada estoy actuando contra el orden jurídico y seré castigado, pero entonces la justicia oficial favorece la distribución existente – e injusta – de la riqueza. La justicia favorece en realidad al poderoso.Marx no quiere decir con esto que las relaciones jurídicas sean siempre opresivas e ideológicas, sino que lo son bajo ciertas condiciones de producción. En un sistema comunista habrá también Derecho, pero un Derecho verdaderamente justo.

b)La alienación religiosa se describe a través de la conocida afirmación de que “la religión es el opio del pueblo”. Los sufrimientos de los trabajadores cuyo origen está en la base económica son transportados a problemas morales: si sufres no es porque estés en un sistema que te expropia, sino porque no rezas lo suficiente o no tienes una vida suficientemente cristiana. La religión sirve para calmar los dolores de este mundo, y así convencernos de que no tenemos que preocuparnos sobre nuestra situación social, sino sobre nuestra conciencia y nuestra alma, que será la que se salve. Marx rechaza toda religión en cuanto que manifestación suprema de la falsa conciencia, del engaño ideológico.

c)La alienación política es la que se produce a través del Estado. Aquí podemos dividir en aspectos la crítica. Por un lado, la crítica del Estado en cuanto que supone la transformación de la clase económicamente dominante en clase políticamente dominante. En una sociedad de clases, el Estado tiende a favorecer los intereses de la clase dominante: si existe una crisis, el gobierno tenderá a sentirse amenazado por el poder de las clases económicamente dominantes y actuará a su favor. Las condiciones en las cuales ha aparecido el Estado moderno hacen que este para sobrevivir tenga que favorecer el proceso de acumulación capitalista, como muestra el maridaje colonial entre poder estatal y expansión imperial económica. Lenin sostendría la tesis de que el imperialismo es la fase superior del capitalismo: al agotarse el desarrollo de las fuerzas productivas el capital tendría que buscar nuevos espacios. Entroncamos entonces con la I Internacional(1864): parecerá que el objetivo de los marxistas será la extinción del Estado y que nada separa a Marx de Bakunin. Sin embargo, para los comunistas es necesario aprovechar las estructuras del Estado, tomar su poder para invertir la social. Se puede hacer que el Estado trabaje a favor de los intereses de las clases subordinadas. No en vano, Marx pone en el Capital ejemplos de cómo esto ha podido ser así: la ley de la limitación de la jornada laboral a 10 horas es vista como un progreso que además favorece tanto a capitalistas como a obreros. El Estado dejará de existir bajo las condiciones burguesas de producción.

¿Qué resulta de este análisis?

  • Los filósofos hasta el momento han tratado solamente de interpretar el mundo, de lo que se trata es de transformarlo.

Con este último punto que presenta la tesis 11 sobre Feuerbach queremos recordar cuál es el proyecto materialista. El materialismo consiste en filosofía en una forma de transformación revolucionaria que no consiste en un primado de la praxis – de forma que habría que descartar lo que no es útil para cambiar la sociedad y habría que convertir a los estudiosos en activistas – sino que consiste en transformar la actividad teórica clásica de los filósofos en una actividad práctico revolucionaria. Tenemos que estudiar en qué condiciones materiales se ha desarrollado la praxis humana, porque a partir del estudio de las leyes de desarrollo podremos entender hacia dónde va la sociedad. Para ello hemos tenido que estudiar sucintamente el desarrollo de los distintos modos de producción junto con las formas superestructurales que acompañan a este desarrollo.

¿Qué resulta de aquí? Señalar los mecanismos de desarrollo de la sociedad lleva a una toma de conciencia de la situación de antagonismo y alienación que permite la transformación social. Esta toma de conciencia es problemática, puesto que supone que cuando una persona toma conciencia ésta es causa de la acción revolucionaria, y que no se hace la revolución en virtud de las leyes de evolución de la sociedad sino en virtud de la conciencia. Por otra parte, la toma del estado en la Revolución supone una primacía de la política: es necesario tomar las estructuras del estado para realizar una transformación social.

El ser humano es un producto histórico y por tanto su actuación depende de cómo se ha constituido su sociedad. Si el hombre es egoísta y busca su máximo beneficio es porque su actividad se desarrolla en condiciones capitalistas: será necesaria una fase de transición en la que hagamos volver al hombre a su estado comunitario. Esta fase de transición posterior a la toma del poder se conoce como dictadura del proletariado. En esta existe una transición económica hacia la propiedad colectiva de los medios de producción que pasa por el Estado. La dictadura del proletariado no es necesariamente una dictadura política, sino que puede ser interpretada como un Estado en el que las mayorías gobiernan sobre las minorías en favor de sí mismas. Esta dictadura da lugar al fin de la explotación del hombre por el hombre en la sociedad comunista. En la sociedad comunista se acaba políticamente con el Estado en las condiciones burguesas. El fin de la explotación del hombre por el hombre posibilita la realización de la libertad y la realización humana. Marx se refiere a veces a este periodo comunista como “el fin de la prehistoria humana y el comienzo de la auténtica Historia”, entendiendo que sólo cuando todos los hombres se pueden realizar como tales es posible hablar de Historia propiamente. Por otra parte, las condiciones materiales en las que se desarrolla la sociedad comunista son las siguientes: por un lado, el desarrollo de las fuerzas productivas es máximo, con el cual los bienes están disponibles de forma abundante. Los medios de producción no están en manos distintas de la fuerza de trabajo, es decir, que los trabajadores poseen los medios de producción de modo que no necesitan de personas ajenas al trabajo para vivir. El plusvalor ya no existe y no es el motor de la reproducción de la sociedad, y no existe la explotación económica. Llegamos al periodo de lo que Engels llamó “la libre administración de las cosas”, de modo que para producir no es necesario ningún chantaje ni ninguna relación de desigualdad. En el comunismo puede existir propiedad, pero sólo la propiedad fruto del trabajo, con lo cual podemos entender que para el movimiento comunista lo esencial en el trabajo crítico no es denunciar la desigualdad de renta, sino su origen: en el comunismo las desigualdades son fruto de la libre decisión, del esfuerzo y del mérito.

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