Kant.La teoría del conocimiento.

Kant se forma en la tradición racionalista que comienza con Descartes y pasa a la Ilustración Alemana con Christian Wolff, una tradición que considera posible la constitución de la Metafísica como una ciencia basada exclusivamente en procesos racionales especulativos, es decir, una ciencia puramente axiomático-deductiva sin contenidos empíricos. Su primera filosofía, la “precrítica”, es después definida como periodo dogmático, entendiendo por dogmatismo la concepción filosófica que sostiene que la realidad puramente eidética, racional, inteligible y metafísica se puede conocer y además de ella se puede hacer una ciencia. Los métodos altamente formalizados de las nuevas ciencias naturales parecían indicar a mediados del siglo XVII que la razón por fin se hacía con las bridas del conocimiento de la experiencia, asestando una victoria definitiva al empirismo. El racionalismo caminaba triunfante cuando Newton publica en 1687 el libro que demostrará las leyes del movimiento gracias a la geometría y la nueva ciencia matemática – ciencia de la que el propio Newton es desarrollador. Newton interpretó que su filosofía natural era de corte inductivista, pero sin duda sus métodos demostrativos le daban un gran peso a las construcciones axiomáticas de las matemáticas. El nombre del racionalista Leibniz resonaba como la gran cabeza pensante que aunaba el espíritu de fineza de los grandes filósofos racionalistas y el espíritu de geometría del gran científico. Pero entonces Kant conoce el Tratado sobre la naturaleza humana de Hume, que revela que le “despertó del sueño dogmático”. El sueño de la razón de poder elaborar por sí misma una ciencia sin apoyo de la empiria se ve severamente dañado por los filosofemas humeanos.

Kant abandona el sueño dogmático de la razón, pero la crítica del empirismo humeano deriva en el escepticismo. ¿Qué hay de malo en ello? Hume nos obliga a abandonar la distinción platónica entre conocimiento – ciencia – y opinión, puesto que la base última del conocimiento – los primeros principios y las causas últimas – no era sino una forma de error, una mera creencia sin fundamento. El escepticismo conduce a la sinrazón, a no aceptar ningún conocimiento como establecido.

  • El Fáctum de la ciencia.

Toda la cadena argumentativa de Hume conduce a la conclusión de que el conocimiento no es más que creencia, no tiene base demostrativa. Kant contrapone al argumento escéptico de Hume el fáctum de la ciencia. ¿Cómo el individuo que me demuestra que no sabemos si el Sol saldrá mañana puede explicarme que existen los Principios Matemáticos de Filosofía Natural? La filosofía de Hume se nos ha mostrado altamente especulativa: no da cuenta de un hecho especial de la experiencia, que es que existen las ciencias. Las ciencias se caracterizan por avanzar con paso firme en la historia. Particularmente en el caso de las ciencias formales, Kant afirma que estas, la matemática y la lógica, no han dado un paso desde Euclides y Aristóteles. Tal es el carácter apodíctico de las mismas: la perfección de la matemática que en Euclides se pone por escrito y de la lógica aristotélica es tal que ahora – estamos en el año de la primera publicación de la Crítica de la Razón Pura en 1781 – esas ciencias siguen tal cual. Kant comete aquí un grave error. El mundo ha visto nacer y desarrollar su obra a tres de los grandes matemáticos de todos los tiempos: Euler, Leibniz y Newton. De todos modos, podemos reinterpretar la afirmación kantiana de que las ciencias “han seguido un camino seguro” como que las viejas verdades de los antiguos siguen siendo igualmente apodícticas y han sido completadas por los modernos científicos. Ahora, la arquitectura del universo ha sido puesta ante nuestros ojos gracias a los trabajos de la Física Moderna, particularmente a los de Newton. La ciencia sigue un camino seguro haciendo demostraciones y elaborando conocimiento universal y necesario. Ante estos hechos, la filosofía no puede permanecer al margen. Kant plantea un giro decisivo en nuestra historia: filosofar consistirá esencialmente en encontrar los fundamentos de las ciencias, es decir, cómo es posible que exista un conocimiento universal y necesario, cómo hemos llegado hasta este estado del conocimiento. Si queremos elaborar una ciencia de la razón pura, tendremos entonces que presentarla en el mismo estado de desarrollo que las ciencias con las que la comparamos.

Tras su giro crítico, Kant parte de que existen dos facultades: la sensibilidad y el entendimiento. La sensibilidad recoge las intuiciones sensibles, esto es, los contenidos empíricos, y el entendimiento se manifiesta a través de los conceptos y las categorías, esto es, a través de lo inteligible. El giro crítico es como veremos la forma de explicar el conocimiento a través de la síntesis de la sensibilidad y el entendimiento.

-¿Cómo es posible la matemática como ciencia? La Estética Trascendental.

Todo conocimiento comienza con la experiencia, pero el conocimiento no se agota en la experiencia. Nosotros percibimos los objetos del mundo de una forma muy particular. La experiencia ha sido presentada hasta ahora como limitada y subjetiva, en la medida en que la intuición sensible sólo es conocida por cada uno de los individuos. Para Aristóteles sólo existía conocimiento en la medida en la que mediaba el lenguaje, así que sólo si podíamos dar explicación a la experiencia y emplear algún tipo de demostración existía el conocimiento. La experiencia pertenecía al ámbito de la opinión. En Hume tenemos que el conocimiento tiene que ser empírico y entonces o bien es de sentido externo – relación de contigüidad – o bien de sentido interno – semejanza. Es decir, la experiencia es lo innombrable, lo puramente subjetivo. La innovación kantiana es que aceptando que cada cual se desenvuelve en términos particulares con la intuición sensible, sin embargo la forma de la intuición sensible es universal, es común a todos los individuos. Toda intuición sensible se nos muestra con dos características comunes: se dan en el espacio y en el tiempo. El espacio sería el modo en el que los objetos aparecen siempre en un lugar determinado, en una posición respecto de los demás, con las propiedades de extensión y figura. Esto no quiere decir que la forma espacial se dé únicamente como espacio tridimensional: el espacio tridimensional es una forma concreta del espacio. El espacio es una forma a priori de la sensibilidad, es decir, es una condición de posibilidad de la experiencia. Para que nosotros podamos hablar de la experiencia es necesario que se dé en determinado espacio: no podemos representar nada sin la forma espacial. El tiempo es la otra forma a priori de la sensibilidad: toda intuición sensible se presenta en términos de sucesión según lo anterior y lo posterior. La temporalidad es una forma tanto externa como interna. Con las formas a priori de la sensibilidad se garantiza la estructura común de la percepción de los fenómenos. Todo lo que percibimos lo percibimos como fenómeno, es decir, que conocemos el mundo tal y como se nos presenta de forma sensible. No conocemos las cosas en sí mismas, que son las cosas consideradas de forma independiente a nuestra percepción. ¿Cómo podemos si quiera suponer que existen objetos más allá de nuestras representaciones si esos objetos están más allá de nuestras representaciones? Pensar en el objeto sin la representación parecería otra forma de representación. Kant sostiene que lo que está más allá de la representación es lo nouménico, un producto de la razón. Lo nouménico es una idea límite que regula mi comprensión de la representación. ¿Significa esto que nos encontramos otra vez con el problema del solipsismo?

Si sólo conozco a través de la representación de los objetos y no de los objetos mismos, ¿qué me garantiza que ese objeto sea un objeto real y no una ficción? ¿Cómo sé que lo que yo percibo es real y no es un sueño? Kant sostiene en la primera edición de la Crítica de la Razón Pura un realismo empírico, esto es, una tesis que sostiene que la experiencia está causada por objetos reales. Si nosotros percibimos los fenómenos es porque existen objetos externos que causan nuestra visión; si estos objetos no existiesen no podríamos tener representaciones. La vivacidad en la sensación producida por la causación externa nos advierte de nuestra vigilia. Sin embargo, al sostener que no podemos conocer más allá del fenómeno, se entendió que el sistema kantiano era un fenomenismo, una doctrina que negaba la existencia del mundo externo. Kant publica entonces la segunda edición de la Crítica, que sostendrá que el sistema puede ser entendido como un idealismo trascendental. El idealismo trascendental sostiene que las condiciones de posibilidad del conocimiento se originan en un sujeto que impone sus condiciones a la experiencia. Es trascendental porque las propiedades que producen la síntesis del conocimiento no están en el objeto, sino en el sujeto. Este sujeto es trascendental porque impone sus formas a priori sobre la experiencia. La experiencia es entonces inteligible en la medida en la que aplicamos conceptos a la misma, conceptos que no dependen del objeto, sino del sujeto. Lo que da universalidad al conocimiento es, frente al sustancialismo aristotélico y el escepticismo humeano, la conciencia.

Para analizar el proceso de conocimiento necesitamos estudiar cómo funciona la capacidad de juzgar. Vamos a indagar acerca de los tipos de juicios.

Un juicio es una operación mental o una proposición acerca de un objeto. Los juicios siguen generalmente la forma “S es P”. Un juicio siempre es verdadero o falso: Aristóteles definía los juicios verdaderos como aquellos que dicen “lo que es de lo que es” y también “lo que no es de lo que no es”. Si decimos que “la nieve es blanca”, esta afirmación es verdadera cuando la nieve real es realmente blanca. Si decimos “la nieve no es blanca”, esta afirmación será verdadera cuando “la nieve efectivamente no sea blanca”. Al contrario si decimos frases falsas: si decimos “la nieve es blanca” será falsa si la nieve no es blanca, y así con todas las oraciones. Podemos clasificar el juicio según su comprobación requiera o no de la experiencia y si el predicado añade o no informacion al sujeto.

a)Según la experiencia

a1)Juicios a priori. Son los juicios que no necesitan de la experiencia para confirmarse como verdaderos. Son juicios anteriores a toda experiencia posible, es decir, que no hay ninguna experiencia que sea necesaria para confirmar o negar la verdad de este tipo de juicios. Generalmente, los juicios de las ciencias formales son de este tipo: muestran verdades necesarias, es decir, verdades que no pueden ser de otra manera. Al no poder ser de otro modo, no tienen que comprobarse empíricamente. 2+2=4 sería una verdad a priori por esto mismo. Del mismo modo, si yo digo que “todos los solteros son no casados” afirmo una verdad necesaria, puesto que es imposible estar soltero estando casado a la vez. Tenemos que distinguir frases que implican necesariamente verdad de frases de cuantificación general, como “todos los cuervos son negros”. Las verdades apriorísticas son verdades por definición. “Un gato es un gato” o “un cactus es una planta” son verdades a priori por este motivo. Los juicios a priori aportan verdades universales.

a2)Juicios a posteriori. Se trata de juicios que sólo después de la experiencia se pueden corroborar como verdaderos o falsos. Existe alguna experiencia posible que muestra la verdad o falsedad del juicio. “El examen está aprobado” es un juicio que sólo puedo confirmar una vez veo mi nota. “Llueve” sólo se puede comprobar empíricamente. Las verdades a priori no son verdades necesarias, sino contingentes. Lo que es contingente es lo que podría ser de otro modo: puede ocurrir que llueva o que no llueva.

b)Juicios según si el predicado añade o no contenido al sujeto.

Según este criterio, existen juicios analíticos y sintéticos, pero para explicar estos juicios tenemos que aclarar qué significa “añadir contenido al sujeto”. Por una parte, parece que “añadir contenido al sujeto” de dice desde un punto de vista psicológico; por otra, se dice desde el punto de vista de la naturaleza objetiva del concepto.

b1)Los juicios analíticos.

Desde el punto de vista psicológico, definimos un juicio analítico por ser aquel en el que el predicado de un juicio no añade información al sujeto, es decir, que ya conocemos la información conociendo al sujeto. Cuando nuestro juicio es “7+5=12”, el 12 no añade información a 7+5, puesto que si entendemos esos dos números y el signo “+” entendemos también el resultado que hay después del signo “=”.

-Pero la definición psicológica no basta. Cuando alguien nos responde “12” a la pregunta “¿Cuánto suman 7+5?” parece que no nos dan información nueva. Sin embargo, si preguntamos cuánto suman 134231+24115, la respuesta probablemente nos dé nueva información. En matemáticas sabemos que lo que viene después del signo “=” tiene que estar contenido en lo anterior: ¿cómo justificamos la diferencia en términos psicológicos? Los juicios matemáticos son analíticos porque S contiene a P de forma que dándose una se da necesariamente la otra. Si yo establezco una identidad analítica tal que la derivada de una función x²=2x, la parte de la derecha no me puede decir nada nuevo, puesto que hablamos en términos de una igualdad, de que los conceptos tienen un significado tal que conociendo la parte izquierda, es decir el concepto de derivada y la función analizada, puedo deducir siempre a partir de ahí el resultado. ¿Cómo podemos entender otro tipo de identidades analíticas? De momento podríamos meramente dividir nuestros juicios en identidades analíticas matemáticas e identidades sintéticas empíricas. ¿Qué ocurre con las tautologías? Pensemos en expresiones como “Un plato es un plato” o “un vaso es un vaso”. Cuando yo digo “un plato es un plato” puede ser que me añada información, sobre todo si a través de esa expresión digo que las cosas son iguales a sí mismas. Sin embargo, decir que un plato(S) es un plato(P) no me añade nada nuevo, puesto que entendemos que el concepto (S) ya incorpora (P).

b2)Los juicios sintéticos.

-Los juicios sintéticos serían aquellos en cuyos predicados se añade información al sujeto. Esto también se dice de dos modos: en sentido psicológico, un predicado añade información cuando era desconocido por el sujeto. En sentido lógico o conceptual, un predicado añade información al sujeto cuando la nueva información no se extrae del sujeto. Los juicios sintéticos son eminentemente empíricos. Interpretaríamos las verdades matemáticas como verdades sintéticas si entendemos que en un concepto lo que hay a la izquierda y a la derecha de la igualdad no está establecido en el significado del propio concepto. En el concepto x² no hay nada que me diga en sí mismo que su derivada es 2x, de modo que necesito de una demostración para que sepa que esto es así. Las matemáticas aportan así juicios sintéticos.

¿Por qué las matemáticas aportan juicios sintéticos a priori? Porque el sujeto trascentental tiene una intuición de las formas puras a priori de la sensibilidad, esto es, de formas que no tienen contenido empírico alguno. Como yo puedo intuir la forma espacial de mi sensibilidad puedo operar con ella geométricamente, puedo crear identidades algebraicas, topológicas o analíticas. Gracias a esta intuición soy capaz de establecer juicios que aportan conocimiento y además son necesarios antes de toda experiencia posible.

-¿Cómo es posible la Física como ciencia? La Analítica Trascendental.

Hemos explicado ya cuáles son las condiciones para la constitución de la Matemática como ciencia. El problema es elaborar una ciencia igualmente apodíctica sobre la experiencia, sobre los objetos en movimiento que rellenan nuestro espacio. La aplicación de las estructuras a priori de la sensibilidad sobre los objetos físicos implican necesariamente una matematización del mundo. “La Física tiene de ciencia lo que tiene de matemática”. Sin embargo, no nos basta con matematizar para elaborar una ciencia: hay ciertos contenidos que necesitamos emplear de modo más concreto. Recordemos por ejemplo la crítica escéptica de Hume a la idea de causalidad, con la cual se derrumbaba el edificio del conocimiento: la causalidad no es observable como conexión ontológicamente necesaria, sino que es creencia subjetiva. “No podemos comprender el mundo sin la conexión entre cosas” significa en realidad que nos hemos habituado de tal modo a que ciertas cosas ocurran juntas que nos sorprendería sobremanera verlas en otro orden o de modo separado. Kant entiende que el hecho de que no podamos concebir el mundo sin relaciones causales nos da ya mucha información sobre cómo conocemos: la causalidad es una categoría que aplicamos necesariamente al mundo. La tabla de las categorías de Kant se compone de 12 categorías agrupadas según Cantidad, Calidad, Relación y Modalidad, que corresponden además con 12 tipos de juicio. Las categorías son estructuras a priori del conocimiento puramente formales, esto es, no tienen ningún contenido. Si queremos conocer algo necesitamos rellenarla de contenido. Yo necesito del fogón, el huevo y el agua para poder aplicar la categoría de causalidad: el fogón, el huevo y el agua son intuiciones sensibles que yo reorganizo a través de las categorías. La subjetividad trascendental actúa entonces como una especie de botella que da forma a los contenidos sensibles: no podríamos entender la materia o contenido sin la forma de la sensibilidad, pero tampoco la forma de la sensibilidad sin el contenido. La unión de estas estructuras a priori del conocimiento con las intuiciones sensibles se conoce como síntesis de los conceptos. De este modo se forjan los contenidos de la Fisica: la unión entre las categorías y la intuición sensible.

El entendimiento tiene un papel activo en el conocer. Para Aristóteles nosotros intuíamos intelectual y pasivamente lo universal en el objeto; aquí nosotros ponemos activamente lo universal en el objeto. ¿Qué ocurre si el entendimiento en lugar de aplicarse a objetos sensibles busca en sí mismo sus contenidos? Tenemos entonces un entendimiento sin límites, un intento de uso puro de la razón.

-¿Es posible la Metafísica como ciencia? La Dialéctica trascendental.

Hemos de examinar si es posible la ciencia de la razón pura, es decir, de la razón sin sensibilidad. ¿Podemos construir un conocimiento puramente racional, axiomático, sin intuiciones sensibles? La Razón ha construido grandes edificios sobre el vacío, sin apoyo de la sensibilidad, y no ha avanzado gran cosa. En realidad, se puede decir que ha ido dando bandazos sin establecer ningún conocimiento asentado. La Razón piensa ser como una paloma que vuela cada vez más rápido y piensa que la fricción del aire es una molestia sin la cual volaría más rápido, cuando en realidad es el aire lo que la permite que vuele. La Razón produce fundamentalmente tres Ideas que tratan de regular los contenidos de lo sensible, tres ideales regulativos: Dios, el Alma y el Mundo. Cuando tratamos de demostrar la idea de Dios, ninguna de las argumentaciones es válida. Las argumentaciones a priori tratan de deducir del orden mental – ordo idearum – el orden real – ordo rerum – y eso es tanto como suponer que si yo creo tener 100 táleros en el bolsillo hace que yo tenga de verdad 100 táleros. El juicio “Dios existe” es algo parecido a “un plato es un plato”, un juicio analítico que no aporta nada al conocimiento. Tampoco puedo deducir del orden finito de las causas una entidad infinita y reguladora. Del mundo no puedo demostrar su estructura, puesto que sólo conozco el mundo en cuanto que representación. Pensar el mundo es pensar más allá de los límites de lo humano. En cuanto al alma, nuestra personalidad no se presenta sustancialmente a la experiencia. El Yo pienso acompaña a mis representaciones, y mi percepción del mundo presupone la unidad. Sin embargo, la unidad de apercepción no demuestra mi pervivencia más allá de lamuerte.

Cuando la Razón no utiliza la Sensibilidad razona de manera incorrecta, para-lógica. Puede demostrar una cosa y la contraria. De esta imposibilidad de razonar correctamente surgen las cuatro Antinomias de la Razón Pura:

1)El mundo tiene un comienzo/El mundo no tiene un comienzo.

2)Toda sustancia consta de partes simples y no existe más que lo simple o lo compuesto de lo simple en el mundo/Ninguna cosa compuesta consta de partes simples y no existe nada simple en el mundo.

3)Existe la libertad. Existen fenómenos no causados por leyes de la naturaleza/No existe la libertad. Todo sucede según las leyes de la naturaleza.

4)Existe en el mundo un ser necesario/no existe en el mundo un ser necesario.

La Razón tiene la posibilidad de demostrar cualquiera de las afirmaciones que están aquí escritas, siendo ambas contradictorias. Particularmente nos interesa la tercera: por una parte, cuando actuamos sentimos que somos la causa de transformaciones del mundo y que esa transformación no se origina en otra cosa que nosotros mismos, de modo que no actuamos según leyes de la naturaleza. Por otra parte, en tanto que seres naturales que operan fenoménicamente, parece que estamos tan determinados a actuar como cualquier otro ser natural. Pero si esto es así, no podemos operar libremente. Si consideramos nuestra acción como científicos no podemos suponer la libertad: sería absurdo que estudiando en Psicología por qué las personas tienden a cuidar de otras personas que digamos que lo hacen “porque quieren” porque eso no es ninguna explicación. Tendríamos que vincular esa acción a ciertas causas, funciones o intenciones que nos permitan elaborar leyes: los precios no suben porque la gente quiere, sino por condiciones objetivas que hacen que cada vez que ocurre una situación X ocurre la subida de precios. Sin embargo, en el plano moral parece que necesitamos suponer lo que no podemos demostrar científicamente, que somos libres.

Así, la Metafísica no puede ser una ciencia porque al no utilizar los contenidos de la Sensibilidad no puede demostrar sus objetos. No podemos hablar sin embargo de que se niegue la metafísica, sino que queda como una actividad natural e inevitable de la razón: no podemos hacer una ciencia de la metafísica, pero es inevitable que cuando la razón vuela por sí misma sin la sensibilidad produzca la Ilusión Trascendental, un vacío conceptual.Kant permanece en un agnosticismo metafísico al no poder demostrar ni una cosa ni la contraria. La Metafísica deja de ser la Reina de las Ciencias para pasar a ser una mera ilusión.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s