Filosofía práctica de Hume

Toda idea ha de ser una impresión ya debilitada. Si las palabras más abstractas no se pueden referir a impresiones vivaces que señalan la presencia del objeto no hablamos más que de palabras sin sentido, las palabras de la metafísica. Hemos derribado los fundamentos de la metafísica racionalista desde Platón a Descartes, pero necesitamos todavía limpiar sus restos. El proyecto racionalista acaba en la práctica en la transustanciación, en el giro de la mirada, en la paideia, en la reforma del entendimiento. En este caso realizaremos la crítica del racionalismo a los confines de la reforma del entendimiento, la ética. Toda idea ha de proceder de una impresión si quiere ser tal. ¿Qué significa esto en la práctica? La razón no es nunca la causa de la acción. Las ideas que mueven el mundo no los mueven en tanto que ideas racionales. Estas ideas, si son comprensibles y nos mueven a la acción, lo son en tanto que originadas en una impresión, esto es, en una emoción. La razón es sierva de las pasiones. Esto se interpreta de dos modos: por un lado, si queremos que los deberes sean efectivos necesitamos que muevan alguna pasión, amor, odio o el que sea. Hume se da cuenta de que los discursos racionales pueden formarse en grandes secuencias perfectamente elaboradas, pero cuanto más perfectamente elaboradas son menos mueven a la acción. La razón debe mover a una pasión si quiere realizarse. Por otro lado, las pasiones o emociones son activas, esto es, no ejercen solamente el papel de seducidas en la acción moral. Hume comienza a elaborar una teoría de los sentimientos morales: la moral no se origina en la razón sino en las emociones. Lo que nos distingue de otras especies es el poder de las emociones para invocar acciones morales. En la interacción social necesitamos de mecanismos inmediatos que nos indiquen lo que es correcto y lo que no, y por eso podemos observar que aunque haya personas altamente iletradas pueden comportarse moralmente con mayor corrección que las personas más ilustradas, que pueden caracterizarse por la falta de valores sociales. Es la propia interacción social la que genera estos sentimientos. Hume nos va a permitir establecer un contraste entre la tradición ilutrada anglosajona y la continental: mientras que los ilustrados continentales son racionalistas y consideran que la realidad humana es perfectible, que se puede transformar racionalmente, los ilustrados anglosajones, particularmente los escoceses, se basan en la observación y los sentimientos morales, en el hombre de carne y hueso. No en vano, Adam Smith elabora su teoría compatibilizándola con el laissez faire: no se requieren necesariamente de instituciones que fuercen moralmente a los hombres hacia lo mejor, puesto que estos tienen incorporada la facultad moral a través de los sentimientos. El progreso no se da en los seres humanos por la obligatoriedad de los mandatos de la razón, sino porque se incorpora en nosotros esa forma inmediata, casi automática, de hablar.

¿Cuáles son los sentimientos morales básicos para Hume?

i)El egoísmo. Todo ser humano en cuanto que tal busca su propio bien y entiende que es legítimo que así sea. Estamos preparados para proteger nuestro propio bienestar. En términos sociales este egoísmo se refleja en la protección de la propiedad y de nuestros bienes, así como la búsqueda de la felicidad.

ii)La simpatía,es decir, la capacidad para sentir compasión por los demás. Esto conduce a comportamientos de ayuda a las personas que conocemos y que sabemos que sufren. Los sentimientos morales no son por tanto solamente egoístas, sino que incorporan el comportamiento correcto socialmente. Sin embargo, la simpatía nos empuja a una valoración problemática del sufrimiento ajeno. Si baso mis acciones en la simpatía yo trataré de ayudar a las personas que sufren a mi alrededor, pero no a los que conozco. Puede ocurrir que el sufrimiento de las personas que conozco sea ínfimo en comparación con los de personas que no conozco; un dolor en un dedo de una persona cercana me produce mayor compasión que un millón de sirios que han muerto en una guerra, puesto que al no saber qué pasa en la guerra no se genera en mí ningún sentimiento moral hacia ellos.

iii) La generosidad limitada. Esta generosidad se conocería como altruismo recíproco hoy día. Es un comportamiento de ayuda hacia los demás que trata de evitar el favorecimiento de conductas egoístas por parte de los demás. Una persona absolutamente generosa sería ineficiente socialmente, en cuanto que no se protegería y favorecería el egoísmo de los demás.

La moral ha surgido de forma natural en los hombres en la medida en la que el sentimiento de aprobación o reprobación son útiles para la vida social. La necesidad de establecer normas de justicia que regulan la interacción social hace necesarias ciertas leyes que protejan la propiedad y la interacción civil. Hume parte aquí de un concepto de propiedad clásico: a partir de ahí, hemos de proteger el cumplimiento de las promesas – y los contratos – y la obediencia civil. Sin obediencia civil la sociedad no podría subsistir, puesto que cualquier individuo que entendiese que la sociedad no es útil para él podría no respetar las reglas a voluntad. Estas reglas deben mejorarse para promover el interés público.

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