Teoría de la ciencia/teoría del conocimiento de Santo Tomás.

El aristotelismo tomista no se reduce a la concepción de la realidad según las categorías de la ontología. Cuando hablamos de Dios, la sustancia, los compuestos hilemórficos, la analogía, la potencia o el acto vemos la herencia de la filosofía de Aristóteles, pero todavía nos faltan aspectos esenciales de su doctrina. El problema principal que afrontamos cuando tratamos de estudiar la filosofía medieval es el de la relación entre la razón y la fe. Hemos dicho que la escolástica entiende que la razón es sierva de la teología, esto es, que la razón sirve a los proyectos de la fe. Esta no sería más que una declaración de intenciones, una propuesta política. Si recordamos el esquema conceptual de la teoría de la ciencia aristotélica veremos que la escolástica es la transformación de la Teología en la Ciencia, subrayando el uso de la segunda mayúscula. ¿Por qué la Teología no es una ciencia entre las demás, sino que es la Ciencia por antonomasia? Recordemos que para Aristóteles una ciencia tiene que demostrar a partir de principios evidentes unas conclusiones que se sigan necesariamente de esos principios. Aristóteles se ocupó esencialmente de estudiar qué era eso de seguirse necesariamente de. Así, desarrolló la ciencia de la lógica, que hoy día sigue vigente. La ciencia debía ser silogística fundamentalmente. Nos debíamos ocupar entonces de los principios, que venían de forma evidente de los sentidos y del intelecto. El nous, aquella facultad que nos permitía operar con abstracciones y conocer las Formas o Ideas platónicas de forma infalible. Siguiendo este esquema podemos ahora trasplantarnos al siglo XIII. Tenemos que preguntarnos por el contenido de esos principios evidentes. ¿Qué es lo más evidente? Lo más evidente es lo que no solamente goza de claridad para nosotros – que 2+2=4 – sino que además es evidente por sí mismo. Hay cosas que aunque gozan de evidencia para nosotros no son fáciles de demostrar de forma silogística: otras son claras demostrativa pero también inmediatamente. Es esto lo que ocurre con Dios: Él no solamente es evidente para nosotros, sino también por si mismo, en la medida en la que todo lo demás es derivado de su claridad. Si el resto de objetos son inteligibles, son cognoscibles, es en la medida en la que Él es inteligible. La evidencia para nosotros de Dios es algo que tratará de demostrar Santo Tomás a través de las cinco vías. ¿Cómo nos viene esta evidencia inmediata? A traves de la fe. La fe es la verdad revelada a los hombres. Esta no sólo nos dice que Dios existe, sino que nos manifiesta la Sagrada Doctrina, esto es, la Dogmática Católica. Al manifestarnos de forma absolutamente clara y directa la Verdad, la fe está por encima de la razón. Los contenidos de la fe son suprarracionales, son algo más que la razón – Dios es más que el resultado de un silogismo. La fe se caracteriza por ser revelada, por implicar un asentimiento del sujeto, por ser suprarracional y por necesitar de la Gracia. Santo Tomás hereda, en este sentido, la teoría agustiniana de la Iluminación: la fe orienta a nuestra razón natural para que esta no se lleve a error. Pero estas verdades inmediatas no nos pueden llevar al fideísmo. Santo Tomás defiende una Teología profundamente implantada racionalmente. No hay que temer a la filosofía, a la razón, puesto que esta no contradice a la fe. Hay quien interpreta que cuando Lutero dice que “la razón es una puta del infierno(Eine Hure des Teufels)” se refiere al carácter de sierva de la razón. Santo Tomás no habla de esta servidumbre, y Lutero tampoco: para Lutero la razón es una prostituta porque ella lleva al vicio y al pecado, y la salvación sólo ocurre por la fe. Santo Tomás considera que existe una concordancia necesaria entre la razón y la fe. El papel de la razón en esta especie de matrimonio es triple: realizar los preambula fidei, comparar doctrinas posibles de la religión y refutar las herejías. De este modo, las demostraciones de las verdades naturales y de las verdades sobrenaturales tienen una relación de analogía: son semejantes, tienen una relación de proporción, dicen lo mismo pero de otro modo. Se entendió tradicionalmente que existe una contraposición e incluso una contradicción entre la teoría de la concordancia escolástico-tomista y la teoría de la doble verdad de Averroes. Para Averroes, la verdad que alcanzamos de forma natural, a través del uso de la razón, sigue procedimientos totalmente distintos a los de la verdad sobrenatural, así que no es necesario que coincidan ambas verdades. Incluso aunque me dijesen cosas opuestas no pasaría nada, puesto que son facultades distintas e independientes. Frente a esto, Santo Tomás parece forzar a que la razón diga lo mismo que dice la fe, pero a costa de que también la fe diga lo mismo que la razón. En el texto Dios salve a la razón, Benedicto XVI sostiene que no se trata en esta época de que la fe limite el uso de la razón de forma que justifiquemos racionalmente cualquier barbaridad de fe, sino que la fe, para ser fe, tiene que ser compatible también con la razón. La razón sin fe es ciega, no tiene guía; la fe sin razón camina sin control.

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