La teoría del conocimiento en San Agustín

Hemos introducido en la ontología a un ser creador, infinito y bondadoso que según las Ideas ejemplares ha creado todo lo que vemos. Tenemos que indagar ahora acerca de cómo conocemos nosotros esa realidad. El problema fundamental al que nos enfrentamos es el problema de la razón y la fe. La filosofía hasta ahora ha sido esa búsqueda de la verdad desde Ideas hacia Ideas a través de Ideas, pero hemos introducido una nueva entidad por encima de estas Ideas, Dios. Para San Agustín existe una coincidencia entre el conocimiento a través de la fe y el conocimiento a través de la razón. Fides quaerens intellectum, la fe apetece del intelecto y necesita del intelecto para hacer inteligibles sus contenidos. La razón tiene que ser capaz de hacer inteligible lo que nos dice la fe, es decir, los contenidos de la religión, sus doctrinas fundamentales. Por otra parte, a pesar de que la razón da inteligibilidad a la fe porque explica sus contenidos a la luz de nuestro entendimiento, nuestro entendimiento no es prioritario respecto de la fe. El entendimiento no podría alcanzar la verdad sin la fe. Credo ut intelligam, creo para poder entender. El entendimiento sin a fe sería ciego. La fe es entendida como la iluminación que Dios proporciona a nuestro entendimiento, a nuestra inteligencia, de modo que no podríamos conocer sin la ayuda de esa iluminación. El solo entendimiento podría comprender a la manera de un ciego en un espacio cerrado. El ciego se habitúa a caminar por una sala de modo que sabe dónde están todos los objetos. Sin embargo, aunque sepa ya cómo está dispuesta la sala si recupera la visión se encontrará con que tiene mucha más información sobre esos mismos objetos. La luz nos una comprensión cualitativamente mayor sobre la realidad. Del mismo modo, la fe nos iluminaría en el camino de investigación racional: sin fe, la razón caminaría sola, a tientas y sin ningún sentido. Retomando un pasaje del filósofo moderno Pierre Bayle, “Fuere como fuere, no hay nadie que, sirviéndose de la razón, no tenga necesidad de la existencia de Dios; pues, sin ella, es aquélla una guía que se extraía; y puede compararse a la Filosofía con unos polvos tan corrosivos que, tras haber consumido las carnes purulentas de una llaga, royeran la carne viva y corroyeran los huesos, horadándolos hasta los tuétanos. La Filosofía refuta, de entrada los errores; pero si no es detenida en ese punto, ataca a las verdades y, cuando se le deja actuar a su fantasía, va tan lejos que ya no sabe ni dónde está ni cómo detenerse “. La razón necesita de la fe para no desvariar. La fe no es solamente iluminación, sino gracia, don, regalo, lo que no merecemos.

El proceso de conocimiento sigue un camino análogo al que describíamos con Platón. La primera parte de este proceso es el conocimiento a través de los sentidos. Este conocimiento no es propiamente tal, sino que se refiere a lo que está constantemente cambiando. El siguiente nivel de conocimiento es el que se produce a través de la razón. La razón aprehende la verdad de los objetos exteriores a nosotros, de forma que podemos conocer aquellas Ideas ejemplares respecto de las cuales es creada la realidad material. Recordemos en qué consistía la dianoia platónica: era un conocimiento de las esencias imbricadas con las imágenes, con lo cual nos permitían comprender la realidad circundante sin llegar a aquellas Ideas hacia Ideas a través de Ideas. Para San Agustín, el nivel de conocimiento superior es denominado sabiduría, y sólo se adquiere por la gracia de Dios. Sin fe no podríamos alcanzar jamás este estadio. La sabiduría está por encima del conocimiento en la medida en la que significa que conocemos el fundamento de toda la realidad, es decir, en la medida en la que conocemos a Dios. Una vez conocemos a Dios podemos reconstruir toda la realidad a partir de su fundamento. La contemplación de la Verdad Eterna nos permite entender la realidad del mundo.

San Agustín desarrolla su teoría del conocimiento de la mano de su crítica del platonismo y de su herencia académica. La crítica de Platón tiene que ver con la crítica de la reminiscencia platónica: los hombres conocen por las Ideas ejemplares en Dios, no por una sucesión de vidas, recuerdos y olvidos. Pero la disputa más fuerte se produce contra el platonismo se produce en la versión de sus herederos. Los académicos herederos de Platón, comenzando por Espeusipo, negaban que pudiese existir el conocimiento. Según ellos, sólo nos podríamos guiar por lo aparente y lo probable. Desde el punto de vista teórico, los escépticos académicos desconocen la Verdad y se contentan con lo probable, como si no existiese nada más. Desde el punto de vista práctico, la búsqueda de la Verdad es la búsqueda de esa luz interior que nos guía hacia la bienaventuranza. Los escépticos académicos negarían de facto nuestra posibilidad de ser felices.

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