Política de Aristóteles

La ética no basta para alcanzar sus propios fines. En nuestro análisis del pensamiento aristotélico llegamos a la conclusión de que nadie puede alcanzar la felicidad sin autosuficiencia. Para alcanzar la virtud necesitamos en distintos sentidos de los demás: no podemos ser felices sin la paideia que nos da la sociedad, ni sin amigos, ni sin ser autosuficientes. La autosuficiencia no se puede obtener por uno mismo, sino que se consigue en comunidad. Ningún hombre podría vivir en solitario conservando su condición humana, salvo que sea una bestia o un dios. El hombre es zoon politikon, un animal que vive en la polis. Para entender qué es el hombre hay que entender qué significa la polis. Toda comunidad(koinonia), comienza diciendo Aristóteles en la Política,se constituye con miras a un Bien. ¿En qué consiste esa comunidad? Es una comunidad que nos constituye. El todo es anterior a las partes, en el sentido que hemos subrayado del concepto de anterioridad: si X es condición de Y, X es anterior a Y. Para que nosotros seamos seres humanos es necesario que exista una comunidad que nos dé cobijo: sin eso no seríamos propiamente humanos, sino algo menos o algo más que humanos. Los dioses o las bestias sí son autosuficientes, pero nosotros necesitamos de los demás para vivir nuestra vida. Un etólogo podría entonces objetarnos que no somos los únicos animales sociales, los únicos que necesitamos de los otros para vivir. Las abejas, las hormigas o los perros son animales terriblemente gregarios que viven apegados los unos a los otros. ¿En qué nos diferenciamos entonces? En que nuestra con-vivencia es de otro modo. Nosotros somos animales que poseen logos, es decir, razón y fundamentalmente palabra, con lo cual nuestra manera de convivir se realiza a través del lenguaje. Se ha traducido habitualmente esta expresión aristotélica, “animal que posee logos”, como “animal racional”, distando mucho del fundamento originario. Utilizamos la palabra para deliberar sobre lo justo y lo injusto.

En estas condiciones podemos ya establecer en qué consiste el Bien respecto del cual se constituye cada comunidad: es un bien relativo a cada una, a su propia constitución. No será lo mismo una sociedad monárquica que una sociedad aristocrática o republicana. Sin embargo, podemos decir que el Bien es Ético, es decir, que el fin de una sociedad política será dar la posibilidad de que sus miembros obtengan sus fines y, en última instancia, sean felices. Se puede resumir entonces que en la filosofía antigua se concibe la política como la indagación acerca de los medios para obtener fines éticos, y la política no puede ser independiente de la ética. Hemos visto ya cuáles son entonces los tres aspectos de toda sociedad política: por un lado, tenemos que buscar que todo el mundo pueda obtener los medios para su subsistencia; por otro lado, es necesaria una cierta consideración sobre la justicia; por último, tenemos que estudiar qué paideia es necesaria para alcanzar la vida éticamente buena.

  • La búsqueda de la autosuficiencia. El comienzo de la Economía.

Para indagar acerca de cómo se organiza una sociedad, Aristóteles le da mucha importancia a la distribución y la producción de bienes. En los tratados de historia de la Economía se le considera el primer gran referente en cuanto a las reflexiones sobre esta disciplina. También aquí se opondrá a la filosofía platónica. Según Platón, hay que garantizar la subsistencia de la polis, y esta es la razón por la que existen guerras y luchas por el espacio vital. Platón hace una división de clases tal que ciertos individuos gobiernan, otros protegen el territorio y otros trabajan. Aristóteles ve el trabajo como la forma en la cual se producen los medios de subsistencia en relación con una sociedad que intercambia bienes. Es decir, el trabajo no es algo que pertenezca a una sola clase, sino que en todo caso será la laboriosidad en el trabajo la que divide las clases. El que se gane la hacienda trabajando merecerá nuestro aprecio, mientras que el que se la gane a través de la especulación merece el desprecio. El problema que plantea Aristóteles es el mismo que Platón: hay ciertos individuos, los que se hacen ricos solamente con el dinero, los que ganan dinero a través de los intereses, que son como zánganos que de vez en cuando aguijonean a la economía productiva. Aristóteles defiende por lo tanto que el fundamento económico de la sociedad tiene que ser la propiedad privada, en lo que los estudiosos de su obra han llamado “la crítica del comunismo platónico” en la Política. Platón defendía que en la sociedad toda labor debe ir orientada al Bien Común como Aristóteles, pero eso llevaba a Platón a prohibir cualquier desarrollo pleno de los individuos. Canalizar las riquezas individualmente lleva a los individuos a pensar en sus propios intereses, y eso es un peligro para la polis. Es cierto que la prohibición de la propiedad sólo se lleva a cabo en determinada clase social, pero en modelos posteriores – en las Leyes – la propiedad siempre está subordinada al orden gubernamental. Para Aristóteles, la propiedad tiene que ser privada por dos motivos. Por un lado, existe un motivo de división: si todo es de todos, todo es de nadie. En muchas ocasiones, cuando las cosas son comunes nadie cuida de ellas, porque nadie, diríamos hoy día, tiene incentivos para cuidarlas. Así, en las sociedades comunistas acaece una disminución de la producción fruto de la dispersión de la propiedad. Es necesario asignar propiedades de modo que cada cual se responsabilice de lo que es suyo, de lo que le pertenece. Por otra parte, la propiedad permite llevar a cabo ciertas virtudes, y particularmente la virtud de la generosidad. Si todo es de todos es absurdo que yo diga que comparto algo: comparto algo cuando permito que los demás disfruten de lo que es mío. Por utilizar un ejemplo de bien público: no soy generoso por compartir una puesta de Sol. Dicho en términos actuales: si el Estado me obliga a pagar impuestos para pagar el Estado de Bienestar no se puede decir que yo sea generoso por pagar impuestos, puesto que estos son forzosos. Si este dinero me pertenece, sí puedo deliberar y elegir acerca de a quién o a qué destinar estos recursos. El régimen ideal para Aristóteles es, en este ámbito, el que se basa en la propiedad privada pero cuya propiedad se usa en común según la generosidad. En una sociedad en la que todos fuesen amigos no sería necesaria la propiedad, pero en una sociedad ampliada sí es necesaria esa institución para producir lo suficiente para todo el mundo.

A pesar de que el régimen de propiedad privada parece limitar la disgregación social y que no se admite el cobro de intereses – la ganancia de dinero a través del dinero – Aristóteles se da cuenta de que en el corazón de esta respuesta a Platón late un problema nuevo: el problema de la desigualdad social. Los regímenes de propiedad privada siempre generan desigualdades que tienen mucho peso político, como veremos en el apartado de la justicia. Parece que donde se encuentra la salvación está también el peligro: si queremos producir los medios para garantizar la autosuficiencia de todos los habitantes de una polis producimos el peligro de una desigualdad social y una pobreza que hagan ingobernable la ciudad.

Hay otras desigualdades básicas que operan en la filosofía de Aristóteles. La primera y la más conocida es la desigualdad naturalizada de la esclavitud. Aristóteles hace una crítica de la esclavitud legal: nada legitima que una persona libre sea esclava por caer en una guerra o cometer un delito. Sin embargo, hay esclavos por derecho natural: hay individuos que sólo sirven para obedecer y trabajar. “El esclavo es el buey del hombre”. Lo curioso es que del texto de Aristóteles nace una predicción que tendrá mucha importancia en la edad Moderna. Los esclavos sirven para que nosotros, los ciudadanos libres, nos liberemos de trabajos que son muy engorrosos. Hoy día estos trabajos los puede realizar una máquina. La gran inteligencia de Aristóteles consiste en ser capaz de ver que cuando nuestras herramientas nos permitan liberarnos de estas tareas desaparecerán los esclavos, no serán necesarios. El naturalismo de nuestro filósofo no se reduce solamente a la esclavitud; en las relaciones familiares aparece una clara jerarquía en la que el hombre es el que domina y la mujer se encarga de administrar la casa. “El silencio es el adorno de la mujer”. Expresa así una visión según la cual la mujer es un médium para para reproducirse, pero no para tener una relación de amistad racional según la virtud. Cabe añadir que frente al homopatriarcado tradicional los historiadores cuentan que en la época de Aristóteles las relaciones entre hombres y mujeres comenzaron a ser de afecto carnal, y no solamente por interés reproductivo.

Arisóteles plantea así unas relaciones sociales basadas en la desigualdad natural por un lado y en desigualdades económicas que son inevitables por otro, de modo que buscando la autosuficiencia nos encontramos con problemas de organización de nuestra comunidad. ¿Cómo se gobierna tal comunidad?

  • La justicia y el gobierno de las leyes.

La justicia se dice de varias maneras, pero es esencialmente una virtud ética que se puede clasificar en conmutativa – la justicia del intercambio entre objetos iguales – y distributiva. Aristóteles no se plantea los problemas de distribución de la renta que nos planteamos hoy día, aunque de sus textos se puede extraer que una sociedad justa se basa esencialmente en dos criterios: el criterio de justicia conmutativa es un criterio según el cual un intercambio cualquiera es justo siempre que lo intercambiado sea igual, del mismo valor. La justicia distributiva se dice del propio objeto: si yo tengo tres plazas en un centro de estudios superiores y mucha gente quiere acceder, lo razonable es que yo distribuya esos puestos según el objeto que distribuyo. Suponiendo que lo que se distribuye requiere de valores académicos, parece que no tendría sentido repartir las plazas por criterios de altura o peso, y que tiene sentido pedir criterios de nota, por ejemplo. El ejemplo que pone Aristóteles es el de las flautas. Lo justo es que repartamos las flautas a quien mejor sepa tocarla porque las flautas sirven para producir buena música. De todos modos, la noción de justicia que tenemos que mantener aquí es más general, y se refiere a lo conveniente o inconveniente dentro de la sociedad. ¿Cuál es el mejor gobierno respecto de lo conveniente? Aristóteles dice que el mejor gobierno es el gobierno de las leyes. Las leyes son el gobierno de lo más divino y lo mejor de nosotros, de la inteligencia, sin las pasiones humanas. ¿Cómo se cambian las leyes y cómo se administran? Tenemos que estudiar ahora cómo se organiza una sociedad para crear y cumplir leyes. El concepto central aquí es el concepto de ciudadano, que es el hombre libre que participa en funciones judiciales y de gobierno. Quien no participa del gobierno no es ciudadano, por lo que no debemos por de pronto entender este concepto en un sentido tan extendido como el de hoy en día.

¿Quién es el ciudadano? Según cuántos gobiernen, podemos establecer tres regímenes de gobierno.

Cantidad

Gobierno recto-interés común

Gobierno corrupto-interés particular

Uno

Monarquía

Tiranía

Varios

Aristocracia

Oligarquía

Muchos

República

Democracia

Para Aristóteles, el gobierno que mejor respeta las leyes es la República, pero se da cuenta de que este sistema no puede ser una forma de gobierno puro según lo mejor. La objeción platónica sería la crítica a las masas no filósofas, pero Aristóteles defiende que un conjunto distributivo de ciudadanos ignaros se convierte a través de la deliberación en un conjunto atributivo de sabios. Cuando decidimos con los demás solemos ser más razonables que cuando decidimos solos. Sin embargo, nunca se dan los gobiernos puramente rectos, de modo que en vez de tener las monarquías como sistemas donde gobierna uno, las aristocracias como sistemas donde gobiernan varios y la república como sistema donde gobiernan muchos, lo que tenemos son tiranías, oligarquías y democracias. Aristóteles se centra entonces en analizar la República como una virtud entre dos vicios, como un término medio entre dos extremos viciosos: el gobierno vicioso de los muchos y el gobierno vicioso de los pocos. Pero volvemos al problema de Sorites: ¿cuántos ciudadanos hacen falta para convertir a varios en muchos? No podemos distinguirlos cuantitativamente, pero sí según un criterio que hemos estudiado antes: el económico. Para saber qué régimen político está vigente en una sociedad hay que ver qué clases sociales la gobiernan. Cuando pocos gobiernan según su interés y sus honores suelen ser los ricos, y cuando son muchos los que lo hacen según su interés son los pobres los que lo hacen. La República al ser el término medio entre los dos buscará sacar lo mejor de ambos y limitar lo peor de ambos. Lo mejor de la democracia es la libertad para todos. En una democracia cada ciudadano es libre para decidir cuál es la mejor forma de vivir. El gobierno típico de la democracia es el gobierno por sorteo. Por otra parte, la democracia tiende al dispendio y la confiscación de los ricos, porque se creen con derecho a abastecerse de la producción de otros. En cambio, los ricos son capaces de administrar mejor la hacienda, aunque muchas veces la utilizarán para su beneficio. ¿Cómo limitamos entonces el poder de unos y otros? El contrapeso de este género mixto republicano puede establecer multas a los ricos cada vez que no respeten las leyes, además de magistraturas en las que los pobres estén presentes a través del sorteo. Los pobres libres serán vigilados en magistraturas electivas, y se les posibilitará participar en política a través de un salario. Sin embargo, este gobierno equilibrado tiene sus peligros, puesto que los males de cada cual seguirán existiendo. Aristóteles considera que en el momento en el que uno de los extremos gobierne sobre el otro sin equilibrio acaecerá una revolución: existen revoluciones de ricos y revoluciones de pobres. La ventaja que tienen los pobres es su número, y la de los ricos es su organización.

-Paideia

Para mantener el equilibrio en una polis y promover la vida buena es necesario tener en cuenta que el fin de la ciudad es la felicidad de los individuos, y para esto hace falta, además de lo anteriormente citado, la educación para la virtud, la paideia. La paideia educa a los ciudadanos en las virtudes propias de cada régimen: en el caso de la República, los ciudadanos se educan para prosperar y vivir virtuosa y libremente. Para conseguir esto es necesaria una educación para la polis, es decir, adaptada al regimen político de cada comunidad, y formar a los ciudadanos respecto de sus virtudes propias. Esto quiere decir que la educación tiene que ser común y ha de depender de la propia polis, esto es, ha de ser pública. Se ha de generar un carácter adecuado a la propia ciudad, y de forjarlo en una gran disciplina. Para Aristóteles sería absurdo educar a los ciudadanos en una especie de juego constante sin ningún esfuerzo, puesto que la polis ha de conservarse y desarrollar lo mejor de nosotros mismos requiere de grandes trabajos. Sin educación es imposible vivir una vida según lo mejor que hay en nosotros.

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