Tema 2. Platón.

    1. Contexto.

-Contexto biográfico-histórico

Platón nace en el año 428 antes de Cristo y muere en el 347 antes de Cristo. En el contexto biográfico nos centraremos en el desarrollo de su actividad política en su madurez, cuando trata de llevar a la práctica sus ideas en Siracusa. Veremos también en la Carta VII cómo en su juventud Platón está preocupado por asuntos políticos, para después dar un giro a la reflexión filosófica que nos conducirá a la indagación sobre la Verdad, la Belleza y la Bondad, o sobre por qué merece la pena vivir.

” “Siendo yo joven, pasé por la misma experiencia que otros muchos; pensé dedicarme a la política tan pronto como llegara a ser dueño de mis actos; y he aquí las vicisitudes de los asuntos públicos de mi patria a que hube de asistir.

Siendo objeto de general censura el régimen político a la sazón imperante, se produjo una revolución; al frente de este movimiento revolucionario se instauraron como caudillos cincuenta y un hombres: diez en el Pireo y once en la capital, al cargo de los cuales estaba la administración pública en lo referente al ágora y a los asuntos municipales, mientras que treinta se instauraron con plenos poderes al frente del gobierno en general. Se daba la circunstancia que algunos de estos eran allegados y conocidos míos, y en consecuencia requirieron al punto mi colaboración, por entender que se trataba de actividades que me interesaban. La reacción mía no es de extrañar, dada mi juventud; yo pensé que ellos iban a gobernar la ciudad sacándola de un régimen de vida injusto y llevándola a un orden mejor, de suerte que les dediqué mi más apasionada atención, a ve lo que conseguían.

Y vi que en poco tiempo hicieron parecer bueno como una edad de oro el anterior régimen. Entre otras tropelías que cometieron, estuvo la de enviar a mi amigo, el anciano Sócrates, de quien yo no tenía reparo en afirmar que fue el más justo de los hombres de su tiempo, a que, en unión de otras personas, prendiera a un ciudadano para conducirle por la fuerza para ser ejecutado; orden dada con el fin de que Sócrates quedara, de grado o por fuerza, complicado en sus crímenes; por cierto que él no obedeció, y se arriesgó a sufrir toda clase de castigos antes que hacerse cómplice de sus iniquidades.

Viendo, digo, todas estas cosas y otras semejantes de la mayor gravedad, lleno de indignación me inhibí de las torpezas de aquel período. No mucho tiempo después cayó la tiranía de los Treinta y todo el sistema político imperante. De nuevo, aunque ya menos impetuosamente me arrastró el deseo de ocuparme de asuntos públicos de la ciudad. Ocurrían desde luego también bajo aquel gobierno, por tratarse de un período turbulento, muchas cosas que podrían ser objeto de desaprobación; y nada tiene de extraño que, en medio de una revolución, ciertas gentes tomaran venganzas excesivas de algunos adversarios. No obstante los entonces repatriados observaron una considerable moderación. Pero dio también la casualidad de que algunos de los que estaban en el poder llevaron a los tribunales a mi amigo Sócrates, a quién acabo de referirme, bajo la acusación más inicua y que menos le cuadraba: en efecto, unos causaron de impiedad y otros condenaron y ejecutaron al hombre que un día no consintió en ser cómplice del ilícito arresto de un partidario de los entonces proscritos, en ocasión en que ellos padecían las adversidades de destierro.

Al observar yo cosas como éstas y a los hombres que ejercían los poderes públicos, así como las leyes y las costumbres, cuanto con mayor atención lo examinaba, al mismo tiempo que mi edad iba adquiriendo madurez, tanto más difícil consideraba administrar los asuntos públicos con rectitud; no me parecía, en efecto, que fuera posible hacerlo sin contar con amigos y colaboradores dignos de confianza; encontrar quienes lo fueran no era fácil, pues ya la ciudad no se regía por las costumbres y prácticas de nuestros antepasados, y adquirir otros nuevos con alguna facilidad era imposible; por otra parte, tanto la letra como el espíritu de las leyes se iba corrompiendo y en número de ellas crecía con extraordinaria rapidez.

De esta suerte yo, que al principio estaba lleno de entusiasmo por dedicarme a la política, al volver mi atención a la vida pública y verla arrastrada en todas direcciones por toda clase de corrientes, terminé por verme atacado de vértigo, y sin bien no prescindí de reflexionar sobre la manera de poder introducir una mejora en ella, y en consecuencia en la totalidad del sistema político, si dejé, sin embargo, de esperar sucesivas oportunidades de intervenir activamente; y terminé por adquirir el convencimiento con respecto a todos los Estados actuales de que están, sin excepción, mal gobernados; en efecto, lo referente a su legislación no tiene remedio sin una extraordinaria reforma acompañada además de suerte para implantarla.

Y me vi obligado a reconocer, en alabanza de la verdadera filosofía, que de ella depende el obtener una visión perfecta y total de lo que es justo, tanto en el terreno político como en el privado, y que no cesará en sus males el género humano hasta que los que son recta y verdaderamente filósofos ocupen los cargos públicos, o bien los que ejercen el poder en los Estados lleguen, por especial favor divino, a ser filósofos en el auténtico sentido de la palabra”. Carta VII: 324b-326b

Subrayamos en este texto la importancia del giro que da Platón a la tesis de los sofistas: los sofistas consideran, por boca de Calicles, que son los jóvenes los que en virtud de su ocio se dedican a filosofar y a ejercer el arte de la contradicción, pero cuando uno madura se tiene que ocupar de los asuntos propios, asuntos profesionales y, en el fondo, asuntos prácticos en el sentido más vulgar de la palabra. El giro práctico que queremos dar cuando estudiamos a Sócrates, a Platón y a los filósofos que estudiaremos más adelante es pensar en qué consiste la vida mejor, la vida que merece la pena y lo que en términos de Chesterton entenderíamos como “el gobierno contra el cual no nos rebelaríamos”. Para conocer en qué consiste este gobierno y esta forma de vida tendremos que recorrer todos los argumentos de la filosofía platónica: estar gobernados de manera justa implica estár gobernados según la Verdad y, como veremos, también según la Bondad y la Belleza.

Platón contemplará en sus distintos viajes a Siracusa las dificultades que tiene la filosofía para implantarse políticamente. Filosofar consistirá en pensar este corte: los gobiernos se corrompen y es necesario reformar las polis de modo que se conviertan estos regímenes en justos. En el fondo, nos enfrentamos al problema que se ha manifestado con la muerte de Sócrates: el hombre más justo y sabio de toda Atenas ha sido condenado a muerte por sus conciudadanos. Sobre si puede triunfar o no esta razón, este daimon en el mundo tratarán las discusiones llevadas a cabo en este tema: cuando tratemos el conocimiento o la ontología en el fondo estaremos discutiendo sobre este mismo corte, χωρισμός , separación. Tras los distintos intentos de Platón (podéis revisarlos aquí http://bajoelsoldesicilia.blogspot.com.es/2015/05/platon-y-siracusa.html), llegará a la conclusión en la Carta VII de que solamente con la reflexión filosófica podrá averiguar el porqué de este acontecimiento fundamental, produciéndose así el giro a la reflexión. En la discusión llevada a cabo en el Gorgias, los sofistas acusaban a los filósofos de dedicarse a una actividad propia de la juventud, a una actividad escolar – es decir, ociosa. Con el paso del tiempo y la madurez dejamos de dedicarnos a asuntos de tan poca importancia, a juegos mentales que no conducen a ningún sitio y nos ocupamos, dicen los sofistas, de las cuestiones prácticas, esto es, de nuestros neg-ocios. En la filosofía platónica se produce una inversión que nosotros hemos planteado desde el principio: la filosofía no es una especie de especulación pre-práctica, de reflexión anterior a la acción que una vez aprendemos las reglas del juego de la vida en sociedad va desapareciendo. La filosofía no es, en este mismo sentido, madre de las ciencias, sino su hija. Es necesaria la aporía de la política, la falta de oportunidad en la política para que podamos reflexionar filosóficamente sobre esta misma imposibilidad, exactamente igual que es necesario el desarrollo técnico y científico para que tengamos las condiciones para el filosofar. Este giro platónico a la reflexión, esta segunda navegación, aparece a lo largo de toda la filosofía platónica.

¿Cómo influye, tras este giro, el filósofo en el mundo? Aquí planteamos brevemente las dos vías a través de las cuales implícita o explícitamente va a influir la filosofía en el curso del mundo: la política y la escritura. Veremos en el apartado de Ética y Política cómo la solución imposible que planteará nuestro autor es la influencia directa en la política a través del gobierno de los filósofos. La clave para que exista el gobierno y por tanto la polis justa será que los que gobiernan conozcan la Verdad y la Justicia o que los que conocen la Verdad y la Justicia gobiernen. La otra forma de influencia social tiene que ver con las formas de transmisión de la información que existen en el siglo IV a.C. En este periodo se vive el cambio de una sociedad basada en la transmisión oral de la información y la tradición a una nueva tecnología de la información y la comunicación: la escritura se convierte en el medio esencial de transmisión del saber. Esto implica una nueva relación con la tradición: el joven que quiera aprender no necesita acudir a un maestro o a una persona que detente tal saber, sino que solamente necesitará buscar un libro que responda a sus preguntas. Esta nueva forma de comunicación sustituirá a la memoria en el proceso de aprendizaje: no necesitaremos retener e interiorizar los conocimientos disponibles, sino que habrá un libro que los recogerá. Este doble carácter de la escritura recibe el nombre de φαρμακός, un fármaco o medicina que es a la vez lo que posibilita que guardemos más información y la podamos olvidar. La escritura, dice Platón, hará a los hombres olvidadizos e ignorantes, y creyendo que gracias a este soporte conocerán muchas cosas lo olvidarán todo. La escritura no se ve solamente como escritura poética, sino también como escritura de leyes: aquí hemos de contraponer las leyes escritas, leyes de la ciudad, a las leyes no escritas que defendería Antígona en la obra de Sófocles. Autores como Rodríguez Adrados han situado de este modo la disputa por la escritura entre los sofistas y Platón o Sófocles: los primeros defenderían el avance de la escritura por ser un medio técnico para eliminar normas irracionales. Las leyes escritas son las leyes de la democracia, son normas creadas por los hombres que pueden cambiar; frente a esto, Platón y Sófocles defenderían una suerte de “leyes no escritas”, es decir, que se mantendrían en el respeto de las tradiciones y contra la convención democrática. Según Adrados formarán parte por lo tanto de una reacción religiosa contra la crítica democrática de la tradición. Veremos a lo largo del tema que esto no es así, puesto que el punto de vista político esencial en los filósofos griegos es que sólo es deseable un gobierno de las leyes y no de los hombres.

¿Por qué Platón, el gran crítico de la escritura, escribe sin embargo algunos de los más bellos libros de filosofía jamás escritos? Estaríamos ante una contradicción demasiado patente para que nuestro filósofo hubiese caído en ella. De lo que se trataría no sería tanto de negar de plano la escritura, sino de advertir de sus peligros y, sobre todo, de recordar cuál es – y tengamos en cuenta la doctrina platónica del conocimiento – el único modo de aprender y de enseñar. La dialéctica es el único modo que tenemos de aprender, esto es, de extraer del interior del que aprende el saber y la verdad. Platón nos recordaría que es la oralidad dialéctica la que “siembra una semilla de ciencia en el alma del que aprende” y, por tanto, la única forma de escribir de manera que se produzca el aprendizaje es a través de una imitación lo mejor posible de esta forma de discurso. Está será la razón por la que podemos entender que Platón escribe en forma de diálogos.

-La obra platónica.

Dividimos las obras de Platón en cuatro periodos.

-Juventud: en este periodo tenemos diálogos en los que no extraemos conclusiones, sino que solamente ejercitamos la dialéctica socrática. Son diálogos socráticos o aporéticos, porque sólo llegan a la conclusión de que no sabemos definir lo que tratamos de conocer. Los diálogos más importantes de este periodo son la Apología de Sócrates y el Critón.

-Transición: comienzan a aparecer las primeras conclusiones que nos van a llevar al corpus platónico. Los diálogos más importantes son Gorgias, Cratilo y Menón.

Madurez: forman lo que se conoce como el corpus platónico. Los diálogos que componen este corpus son Banquete, Fedón, Fedro y República.

-Vejez: en este periodo Platón realiza una revisión crítica de sus doctrinas principales. Trataremos sobre todo Parménides, Teeteto, Sofista, Político y Timeo.

  • Contexto científico de la época.

Nos hemos centrado en dos ciencias: la geometría y la medicina. Veremos que el estado de esas ciencias es esencial para entender la doctrina pluralista de Platón ontológica y antropológicamente.

En el frontispicio de la Academia aparece el dictum: “Que nadie entre aquí sin saber geometría”. Se suele interpretar esta frase como un homenaje a la formación pitagórica del filósofo, pero veremos que en la Academia se estudiará precisamente el modo en el cual la aritmética pitagórica no puede explicar los principios o archai de la realidad. Los pitagóricos explicaban la constitución material del mundo por magnitudes mensurables aritméticamente, esto es, a través de números racionales o proporciones – recordemos que logos significa a la vez razón y proporción, entre otros significados. Entonces se toparon con una dificultad: cómo demostrar que la diagonal de un triángulo rectángulo de catetos 1 y 1 era conmensurable con estos. Se puede demostrar que √2 es un número alogon de varios modos, adjunto una página en la que tenéis dos demostraciones posibles. http://gaussianos.com/dos-demostraciones-de-la-irracionalidad-de-raiz-de-2/. El descubrimiento de los irracionales venía a mostrarnos que no podíamos reducir lo cognoscible a magnitudes proporcionales y, sin embargo, existe un conocimiento demostrativo de las relaciones inconmensurables entre la diagonal y su lado. La geometría podría llegar a realidades que la aritmética no podía describir en aquel momento, y nosotros podemos ver como en los Elementos de Euclides no se recurre a números sino a relaciones entre figuras trazadas por los hombres. Veremos cómo explica Platón esta nueva realidad.

Por otra parte, la teoría de los humores de Hipócrates nos da una visión pluralista del propio cuerpo humano. La justicia y la armonía, es decir, la salud del cuerpo, van a consistir en el equilibrio entre los distintos humores. Alcmeón de Crotona afirmaba siguiendo esta teoría que el mayor mal del cuerpo es la monarquía, es decir, el predominio de uno de los cuatro humores.

HUMOR

ELEMENTO

CARÁCTER

TEMPERAMENTO

Sangre

Aire

Sanguíneo

Valiente

Bilis amarilla

Fuego

Colérico

Iracundo

Bilis negra

Tierra

Melancólico

Depresivo

Flema

Agua

Flemático

Calmado

Cuando estudiemos el mito del carro alado veremos cómo la búsqueda del equilibrio lleva a Platón a un modo muy particular de concebir la virtud de la justicia.

-Contexto artístico.

En la parte artística nos hemos centrado en la idea de mímesis o imitación. El arte griego va a consistir en una representación de la realidad ajustada a proporciones geométricas. Un ejemplo de este arte es Praxíteles, escultor que geometriza sus figuras a través de su curva o contrapposto. En pintura vamos a ver todavía mejor en qué consiste la tradición mimética griega. Los griegos competían por demostrar quién poseía la areté, y en un concurso coincidieron Zeuxis y Parrasio. Entonces Zeuxis pintó unas uvas tan realistas que unos pájaros intentaron comerlas. Entonces le tocaba el turno a Parrasio. Sin embargo, este no descubría su pintura en el lugar en el que tenía que estar. Tras insistir, Zeuxis trata de encontrarla escondida tras una cortina y ve que la pintura es tan realista que no se ha dado cuenta de que la cortina es la pintura. Zeuxis ha engañado a los pájaros, pero Parrasio ha engañado a Zeuxis y con ello ha demostrado ser el mejor pintor. Con esta anécdota podremos entender en qué consiste la crítica de Platón a los poetas-artistas. Esta crítica nos servirá para concentrar en las artes y, sobre todo, en la paideia, todos los puntos de nuestro tema y del sistema platónico: cómo conocemos la realidad, qué es la realidad, qué es el hombre y cuáles son los aspectos más importantes del gobierno justo. La pregunta fundamental que nos vamos a plantear es por qué Sócrates ha muerto o, dicho de otro modo, si es posible un mundo que sea racional.

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